Dejar en "Visto" (y otras heridas de guerra)
- Patri Calderón de la Saga
- Apr 6, 2022
- 6 min read
Visto debería de ser una conducta reservada única y exclusivamente para cuando queremos provocar que un enemigo del estado vaya perdiendo concepto de la realidad lenta y dolorosamente. Cualquier otra modalidad de tortura es una soberana estupidez.
Yo no soy psicóloga y sé que nadie está aquí para que yo le recete algo. Estamos aquí para compartir historias, que es su propia modalidad de sanación.
Así que, te comparto la historia de mi verano pasado.

Capítulo 1: Patri intenta "que se le pase" sola en su cuarto
¿Cómo acaba una mujer joven, llena de sueños, con una carrera por delante y una comunidad de amigas digna de un sitcom, frente a su computadora sin ducharse ni lavarse los dientes ni desayunar ni (mucho menos) peinarse (cómo se te ocurre), un sábado de verano en la mañana? Estarás tentade a pensar, cari, que es por un nivel de ambición de esos de los evangelistas de instagram — los que se caen de culo exhortando que nos levantemos a las 4:30 de la mañana a correr diez millas y tomarnos un kefir frente a una quebrada, todo antes de tener un día de “grind” y hacernos millonarios y quitarnos para siempre la ansiedad antes de las seis de la tarde. Pues, no tomo kefir. Y no tengo quebradas cerca de mi casa. Y cuando único me levanto por mi propio pie a las 4:30 de la mañana es para coger un vuelo o para baldear agua de la tubería que explotó en la noche y que ahora tiene mi casa inundada.
Lo que me tenía despierta, hambrienta y apestosa a primera hora del día, era esa odiosa palabrita: Read. Si me disculpan, voy a saltar a conclusiones con más ahínco que Chayanne en “Fiesta en América.”
Nos unirán nuestros traumas al cantar
La razón por la cual esto jode tanto, es porque para cuando cumplimos los veinticinco años, ya tenemos un cartapacio gordito de traumas con focbois que nos han hecho dudar de nuestro valor y (más trágico aún), de nuestra percepción de la realidad. Este es el famoso gaslighting — ¿alguna vez te han dicho “Gracias por existir, eres la luz de mi vida” y después te han dicho que eres une exagerade y te lo imaginaste todo? La ciencia y la evidencia en tu celular (es decir, los screenshots que en su momento le enviaste a Mejor Ami) dicen que no te lo imaginaste, bebé.
Cuando se deja a una mujer en visto, elle pasa por un proceso de transformación metamorfósico — se plantea qué está haciendo con su vida, contempla todas las decisiones mayores y menores que ha tomado desde su graduación de kinder, llama a todes sus amigas y a algunas madres postizas. Antes de la próxima comida, une ha cambiado de religión, fundado un culto, aprendido tres idiomas, cambiado de carrera, vendido sus pertenencias, ido a una selva remota a vivir entre los jaguares, y hecho el maletín de mano (no es maleta porque, recuerda, vendimos nuestras pertenencias) para ir al hemisferio opuesto del mundo a empezar una nueva vida en un país en donde una no habla el idioma.

Llegué, jaguares, ¿dónde es el pari?
Por lo general, es cuando une está a punto de abordar el avión que suena la campanita del celular. Une mira la pantalla y ve que le entró un mensaje del contacto “EL MASCAPIPÍ QUE ARRUINÓ MI VIDA,” y — trrrrrrr — le contestamos.
Capítulo 2: Bianca me salva de salir corriendo despavorida por las calles de Brooklyn en toalla, con una mascarilla de carbón y una botella de tequila (abierta y salpicando furiosamente) gritando "NO ME CUQUEN, QUE SALGO" a los transeúntes que no tienen la culpa de nada.
La mejor decisión que pude tomar cuando dejé el apartamento en el que vivía con mi ex, fue mudarme con mi mejor amiga. Da la buena suerte que érase una vez, Bianca y yo estábamos en situaciones similares: ambas en una fase nebulosa de empezar a hablar con personas que nos interesaban, pero con unas ganas certeras de observar la ley Luis Fonsi: despacito, suave-suavecito. Cero prisa.
Una noche, irrumpí en su cuarto:
“Se me está tirando el PTS de *Mauro.” Bianca me miró a través del aparato de rizar pestañas. Se estaba arreglando para salir con su Luis Fonsi.
“Ay, no… ¿Y eso?”
Yo llevaba en Visto hacía horas. Ansiedad en botella, producto concentrado. Detonada y con los traumas relacionales a flor de piel, quise lucir como si me importara menos de lo que me importaba — cosa que nunca tengo que hacer con Bianca, pero me pudo la vergüenza. Comencé con lo que me parecía menos intimidante:
“Me siento que en cualquier momento voy a decir algo que lo va a espantar y de ahí no vuelvo a saber más de él,” confesé. ¿Quién no ha estado en esas? ¿A quién no le han jurado devoción incandescente un día para al próximo desaparecer como el follón del chupacabras en los 2000?
Y ahí Bianca recitó un encantamiento de alquimia:
“¡Yo también!”

Los encantamientos de Bianca
Como si me hubiese tragado de una el bálsamo de Fierabrás emocional (lo cual ocasionaría que yo vomitara el verde de las emociones), dejé salir a borbotones heridas de cinco, diez, quince, veinte años de edad: “que se cansen de mí es algo que conozco de siempre,” “que me dejen por otra es algo que no he podido olvidar nunca,” “estoy acostumbrada a ser un obstáculo,” “siempre he sido too much,” “estoy acostumbrada a que me boten tan pronto me conocen de verdad…”
"VIEJA, YO TAMBIÉN"
Gasolina al fuego. Le pusimos nombre y apellido a los dolores que hemos pasado sin saltarnos ni uno — negligencia, gaslighting, migajas, daño, injusto, dolor, coraje, abandono, trauma, niñez, desilusión, rechazo — y eventualmente vimos tierra: que hayamos pasado por la piedra emocionalmente antes, no significa que está escrito en sangre que Luis Fonsi necesariamente va a hacer lo mismo. O sea, vamos a hablar claro — puede que lo haga. Pero eso es parte de conocer a una persona nueva — la incertidumbre.
Pero, tomando en eso en cuenta, no puedo evitar preguntarme: ¿dónde está la línea entre pedir lo que necesitamos (entiéndase: cariño en nuestros idiomas de dar y recibir cariño) y poner a una pareja nueva a pagar por los pecados de la anterior? ¿Cómo logramos la primera — algo saludable — sin pecar de la segunda — algo sumamente cruel?

Que viva la transparencia
Yo soy partidaria de pedir, aunque nos tiemble la voz. Y lo soy porque, por años dejé de hacerlo, porque siempre que pedía, me dejaban. Siempre que me molestaba algo, me dejaban. Siempre que me gustaba algo demasiado, me dejaban. Así que aprendí que el único lugar seguro para sentirme como me sienta, era con la puerta cerrada.
Hasta que me rescataron los “yo también”.
Y me di cuenta de que no estoy ni cerca de ser la única que quiere las cosas que quiero. Y, más aún, de que hay personas en el mundo, de múltiples expresiones de género, que (les juro que no me estoy inventando esto) quieren que une pida — que les gusta saber cómo hacer a une sentirse bien, y que se sienten tranquiles sabiendo que pueden contar con que su pareja sea transparente. ¿Será posible que con estas personas, tan solo es cuestión de pedir con cariño, en vez de no pedir?

Pedir con cariño
Les focbois existen y son una especie que persiste entre nosotres como la yerba mala, así que no dejes de cantarle las focboi-zadas a quienes se lo han ganado (“tarjeta roja: tiene la madurez emocional de un maní”). Sin embargo, no perdamos de perspectiva que existe también una raza de personas empáticas y maduras como mangó mayagüezano, que están hechas de un metal muy diferente al del maní en patineta de tu pasado.
En cualquier caso — maní o mangó — deja esa manía de dejar en Visto. Si no puedes contestar el mensaje en ese momento, no lo abras hasta que puedas; preserva la paz mental de tu persona y procura que no aparezcan esas cinco letrecitas a menos que vayan seguidas de los tres puntitos que indican que estás escribiendo.
No me tienes que dar las gracias — me las va a dar tu pareja.
Las heridas cicatrizan en clan. Se puede sanar sole, pero a mí, por lo menos, me toma el triple del esfuerzo. Por eso, te escucho: ¿tienes heridas de maníes, focbois y/o fantasmas (es decir, les que hacen ghosting)? ¿Has tenido la oportunidad de estar con personas que te han permitido sanar? Que vivan las historias catárticas.
Te deseo mensajes contestados y juguito de mangó natural, belleza. No te quites — en el peor de los casos, las malas experiencias dan para buenos cuentos.
Patri Calderón de la Saga
*No soy lo suficientemente sanguinaria como para poner el nombre de verdad de mi ex en mi blog. "Mauro" es un nombre inventado, chorrete de chismoses (les amo).
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